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Recomponer la imagen, cuestionando el poder [Prólogo al libro ‘El prejuicio psiquiátrico’]



Existe una manera muy simple y eficaz para cambiar el significado de una imagen: consiste en separar una parte de la composición del contexto. De este modo, el fragmento aislado pierde su significado originario. Recortando la imagen, extrayendo una porción, rompiendo la unidad, queda un fragmento mudo, incapaz de comunicar su historia. El contexto llena de significación el fragmento, justificando su existencia en relación con el conjunto, permitiendo la comprensión.
Al desaparecer el contexto, la acción representada se vuelve un gesto pasible de ser deformado según la voluntad del observador. El acto en cuestión puede convertirse en lo que queramos ver, al antojo de cada uno.
Por ejemplo, la foto de un hombre o una mujer lanzándose por una ventana será la imagen de una persona con problemas psiquiátricos que, de repente, cumple un gesto incomprensible, in-sensato, si encuadramos exclusivamente a la persona asomándose a la ventana, o de ella cayendo. Sin embargo, si ampliáramos el campo visual para alcanzar una visión de conjunto, incluyendo los elementos que rodean a la persona, podríamos ver, por ejemplo, una fila de furgonetas de la policía, en equipo de guerra, a punto de desahuciar a la persona en cuestión, que ya no puede pagar el alquiler debido a que el edificio ha sido comprado por un fondo de inversión, que seguramente no paga impuestos, o bien por un banco rescatado con dinero público: conocer el contexto, por lo tanto, devuelve sentido al acto. Le devuelve la palabra, la capacidad de comunicar, le restituye lo que no se le había permitido expresar, mutilándolo.
El motivo real que explica el acto, en el hipotético caso en cuestión, es la situación de desprotección en lo que concierne a los elementos básicos necesarios para la vida, por ejemplo un hogar, que muchas personas experimentan en nuestra época, así como el problema concreto de la creciente iniquidad en la distribución de los recursos: dos fundamentos de la economía neoliberal. El conocimiento de los hechos concretos, las partes faltantes de la imagen, hace que los supuestos problemas psiquiátricos se derritan como nieve al sol.





La psiquiatría es el acto de eliminar el contexto, el recorte manipulador que silencia el poder desestabilizador de la fotografía. La psiquiatría no escucha, no quiere escuchar, no quiere conocer. Considera el fragmento, en general un comportamiento en apariencia injustificado o una idea en abierto contraste con las convenciones sociales o el moralismo, y lo silencia, sin interés por el complejo entretejido de relaciones, emociones, silencios, sentimientos, vicisitudes, caídas, desvíos, disenso, rebelión, desorientación, a veces muy complejo y difícil de entender, que la fotografía proporciona a un atento observador. De esta manera impide la comprensión de la historia y elimina a la persona.
Surgen varias preguntas: ¿qué imágenes, qué fotografías se fragmentan y recortan? ¿Cuáles personas, cuáles historias son silenciadas? ¿Quién es el autor de la manipulación de la imagen? ¿Quién impide a las personas contar su historia?
Volviendo a la imagen de la persona que se lanza por la ventana, el recorte que elimina la agresión policial dejando sin una causa aparente la búsqueda de la muerte, para luego dirigir el discurso hacia los problemas psiquiátricos de una persona enferma, será obra de, por ejemplo, un periódico de propriedad del mismo banco o fondo de inversión que desahucia a la persona. Es decir, la psiquiatría está al servicio del poder. Desde luego, es mucho más fácil eliminar rápidamente a las personas que denuncian problemas importantes de nuestra manera de vivir juntos que afrontarlos y solucionarlos, tal vez cambiando radicalmente la organización de nuestra sociedad, como por ejemplo garantizar a todas las personas, sin exclusión, un hogar y una distribución equitativa de los recursos del planeta.
Un claro ejemplo que ilustra la finalidad de la psiquiatría es la historia de Carlo Sabattini, descrita en el libro, el ecologista candidato en el partido de los Verdes italianos quien denunciaba graves crímenes ambientales con pruebas documentadas y difícilmente contestables. Sabattini levantaba cuestiones que habrían podido desestabilizar el entramado político-económico de Módena. Alguien con más poder, es decir el sector industrial responsable de los daños al ambiente con la connivencia del poder político —hoy en día un simple ejecutor del poder económico—, quería eliminar a Sabattini rápidamente. Pues entra en juego la psiquiatría, que recorta la imagen eliminando el contexto, o sea silencia la situación de los graves crímenes ecológicos denunciada por Sabattini, internándolo en un manicomio con el diagnóstico de altruismo morboso, como si el hecho de ocuparse de algo que no sea el simple beneficio personal que nos enseña continuamente nuestra sociedad fuese una enfermedad. Se define enfermo al que se quiere eliminar por vía extrajudicial. Giorgio Antonucci, quien fue el perito de la defensa de Sabattini, consiguió liberarlo del manicomio y, posteriormente, rehabilitarlo del diagnóstico psiquiátrico para que pudiese volver a ser parte de la vida social.
Éste es sólo uno de los muchos ejemplos documentados en el libro que enseñan la verdad de la psiquiatría. Pero la mayoría de las personas internadas son pobres, solas, marginadas. Ante esta soledad y desorientación, Giorgio Antonucci ha siempre actuado afrontando los problemas concretos de las personas en su contexto social, cultural y afectivo. En la entrevista publicada al final del libro Antonucci habla de cómo entró en contacto con la psiquiatría, aún antes de trabajar como médico internista y especializarse en psicoanálisis con Roberto Assagioli: cuando, aún estudiante, trabajaba en un centro que ayudaba a ex prostitutas a reintegrarse en la sociedad fue testigo de una discusión entre una chica ex prostituta y una mujer del personal. Al acalorarse la discusión, llegó una ambulancia y llevó a la chica ex prostituta al manicomio. Fue en ese momento que Antonucci entendió la esencia de la psiquiatría: la persona con más poder puede internar a la más frágil.
Los resultados del trabajo de Antonucci son evidentes comparando las pruebas documentales —los historiales clínicos de las personas internadas en el manicomio de Ímola, donde Antonucci trabajó en el desmantelamiento de cuatro pabellones, escritos por los psiquiatras antes de la llegada de Antonucci (quien siempre se ha negado a escribir historiales médicos, rechazando el diagnóstico)— con los resultados conseguidos con los mismos pacientes. Las personas liberadas son la prueba incontestable de la eficacia del trabajo de Antonucci, quien ha demostrado que se puede actuar de otra manera, como siempre decía. Su trabajo marca un antes y un después.
Espejos, imágenes
El manicomio es un lugar sin espejos. Al eliminar todos los espejos, la persona es privada de su imagen. Así que incluso la imagen de la propia persona es mutilada, al no poderse mirar en su totalidad, sino que a través de la visión de los fragmentos del propio cuerpo que el ojo puede ver cuando no se dispone de un espejo. Teresa, una de las mujeres que pasó más de veinte años internada en el manicomio de Ímola, la mayor parte del tiempo atada a una cama, antes de que Antonucci la liberara, pudo darse cuenta de su envejecimiento a través de un único elemento: sus manos. La visión del envejecimiento de sus manos era su única medida del tiempo.
Apertura de un nuevo camino
Valerio fue el último de los liberados del manicomio de Ímola. De sus 31 años de vida al momento de la liberación, había pasado 23 atado a una cama. En los historiales médicos los psiquiatras escriben: «Se trata de un cerebropático con grave carencia intelectual y evidente retraso del desarrollo», «incapaz de establecer el mínimo contacto».
Tras ser liberado, en pocos días Valerio empieza a recuperarse, a volver a vivir. Como escribe Antonucci, «es evidente que, desde el momento en que es tratado como un ser humano, Valerio manifiesta su «humanidad»: tiene reacciones de placer, de hambre, de molestia. Da muestras de interés por el agua, los animales, la música. Busca el contacto con las personas. De esta forma se le ha abierto un camino hacia una recuperación considerada imposible». Antonucci prescribió a Valerio la realización de dos electroencefalogramas, un examen que nunca se le había efectuado a pesar del diagnóstico de grave ‘cerebropatía’. El resultado fue que «ni éste ni el segundo examen indican alguna particular lesión o anomalía».
Recomponer la imagen
Al llegar a Ímola, cuando se convirtió en el responsable de cuatro pabellones del hospital psiquiátrico Osservanza, Giorgio Antonucci conoció los efectos de los tratamientos psiquiátricos. Empezó su trabajo liberando a las mujeres agitadas esquizofrénicas peligrosas irrecuperables del pabellón 14. Allí encontró 44 fotografías destrozadas, correspondientes a las vidas de las 44 mujeres que llevaban años, en muchos casos décadas, allí internadas. Personas aniquiladas por años de electroshocks, psicofármacos, contención física, violencias psicológicas: espejos hechos añicos.
Giorgio Antonucci recogió en soledad los fragmentos, con paciencia y perseverancia, intentando volver a componer la imagen de la persona para devolverle su integridad, demostrando que eran seres humanos como los demás cuyas vidas destrozadas eran el fruto de la intervención psiquiátrica. Y consiguió demostrarlo, con el método empírico que fundamenta la ciencia.
‘Para mí hablar contigo o con un paciente de una clínica psiquiátrica es lo mismo’, me dijo cuando lo entrevisté en su casa en Florencia. Y era verdad. Giorgio Antonucci hizo desaparecer la cesura que separa médico y paciente y, aún más, psiquiatra y paciente, sustituyéndola por una verdadera comunicación.
Fue precisamente la eliminación de esa cesura lo que hizo que Antonucci luchara prácticamente solo en su trabajo de liberación y rechazo a las clases sociales o las categorías profesionales, en abierto contraste con la defensa de los privilegios de la profesión de sus colegas, que se oponían a su trabajo, o simplemente lo ignoraban, como hizo y sigue haciendo todo el ámbito académico italiano.
Complementaria a la actividad de recomposición de la imagen fue su trabajo de oposición a su mutilación, es decir a cualquier internamiento forzoso. Giorgio Antonucci, desde que empezó a trabajar como médico internista, nunca autorizó una hospitalización involuntaria, el fundamento de la psiquiatría. Al neutralizarse esta arma la psiquiatría se vuelve impotente.
Al llegar a la casa de Antonucci, cuando lo conocí en persona, tardé bastante tiempo en encontrar la puerta del piso. Toqué el timbre de un vecino para pedirle información. Cuando me dijo que la puerta del doctor Antonucci era la de enfrente, a mi espalda, me di la vuelta: la puerta estaba tímidamente entreabierta. Antonucci estaba detrás, aparentemente divertido por la escena, esperándome con una sonrisa profundamente humana que borraba la imagen tradicional del médico, distante, autoritario, inmerso en una categoría profesional que marca una separación. Allí estaba un ser humano que se comunica con otro ser humano.
La época de la profesionalización había terminado aquella tarde. La profesión había desaparecido, sustituida por la relación entre dos personas. La imagen se había recompuesto.
Barcelona, 15 de octubre de 2018
Prólogo de Massimo Paolini a la edición castellana de El prejuicio psiquiátrico, el primer libro de Giorgio Antonucci traducido al castellano. Traducción de Massimo Paolini | Ed. Katakrak

Pubblicato il 13 febbraio, 2019
Categoria: Libri, Presentazione

“La psichiatria è da interdire?” : magazine Rebelle(s), Francia – intervista di Daniele Ruta a Giorgio Antonucci


Rebelle(s), numero 17 del direttore Jean Luc Maxence, presidente d’onore dell’Associazione Psicoanalitica Europea, sul tema “La psichiatria è da interdire?”.




Perché essere ribelli vuole anche dire osare porre le vere domande! Con, tra l’altro, un articolo di Thomas Szasz e una intervista a Giorgio Antonucci, protagonista con Basaglia della chiusura dei manicomi in Italia.
http://rebelles-lemag.com/2019/01/14/rebelles-mag-n17-la-psychiatrie-il-faut-linterdire/?fbclid=IwAR3vItRmDth2_9n5A3g0m87iA5gjX08htlwwFFiFsWHSPH2z7LDOcLYe_m8



JE SUIS UN CAS PSYCHIATRIQUE

Parce que le psychiatre est souvent plus dangereux que le patient qu’il est censé soigner (ô nosologie quand tu nous tiens !), R.B.L ose demander en ce début 2019 l’interdiction de?la psychiatrie en général et des psychiatres par conséquent !

Les poètes – et pas seulement Antonin Artaud – comme les héros de la mythologie universelle et certains de nos jeunes présidents de la République (Jupiter souffre d’hypertrophie du moi me souffle mon collègue de palier, un généraliste plein d’humour) seraient sans doute mieux internés à l’H-P de Saint Anne qu’en pleine liberté dans les rues de nos villes, entourés de « gilets jaunes » pacifiques et fauchés !

Pour clarifier mon propos, je rappelle que l’hypertrophie du moi désigne, en psychiatrie, « un trouble majeur du trouble de la personnalité paranoïaque et de la paranoïa. Il se caractérise chez le sujet par une surestimation de ses propres capacités, un autoritarisme marqué, de la psychorigidité, de l’autophilie et une faible affectivité. Les personnes atteintes tendent à imaginer qu’elles sont capables de réaliser des prouesses et qu’elles possèdent des aptitudes rares. En cas d’inadéquation entre la grandeur de leurs aspirations et la modestie de leurs accomplissements, ces individus s’obstinent dans leur croyance en pensant être bridés par autrui » (in Wikipédia).

Les articles que propose ce dix-septième R.B.L opiniâtre le démontrent : nous sommes chacun et chacune le fou de l’autre, de toute façon. Et la psychiatrie pratiquée aujourd’hui en France appartient plus à l’art de la Sécurité policière plutôt qu’à l’art du soin véritable (cf. l’œuvre de Thomas Szasz).

Je frôle le borderline moi aussi et je l’avoue sans hésiter. J’attends en effet avec confiance et naïveté (quelle perte de contact avec la réalité !) une subvention des services concernés en faveur de R.B.L, au nom de la Liberté de la Presse.

Et je rêve de vendre en kiosque des milliers d’exemplaires de R.B.L ! Au fond, je suis un « doux rêveur » chronique, un poète. J’estime, comme beaucoup d’autres, que la maladie mentale est un mythe. Comme Szasz, auprès duquel j’ai eu l’honneur de donner quelques conférences en Italie, au nom du mythique Centre Didro, je ne suis pas loin de penser que « c’est avec les pierres de la Religion et les briques de la Morale que se bâtissent les hôpitaux psychiatriques » !

J’ai passé plus de vingt ans de mon existence à démontrer in praxis que l’assuétude toxicomaniaque n’était pas du ressort de la psychiatrie et encore moins des psychiatres. À mes yeux, on porte toujours le masque du fou livré à la vindicte des autres. J’ai commis d’ailleurs des milliers de pages sur ce sujet précis et je n’en regrette pas une seule, quant au fond de ce qu’elles voulaient défendre.

Aujourd’hui, avec Rebelle(s), j’ai passé l’âge des illusions à me faire et des « bons » sentiments. Vouloir interdire la psychiatrie qui devrait s’appeler coercition sociale (et politique plus que jamais), est aussi utopique que de demander la fermeture des prisons, par exemple (R.B.L n° 14). Mais je sais aussi que, sans utopie (relisez Thomas More !) la véritable fraternité universelle ne saurait se renforcer et se répandre. Qui fait taire l’idéal des poètes, nous prépare ces apocalypses plurielles de civilisation dont nous parle si bien notre collègue Alexandre Adler dans son dernier essai.

Quand un même élan populaire voit naître et descendre vers Paris spontanément des milliers de « gilets jaunes », pour la plupart pacifiques, réclamant de quoi finir dans la dignité leurs fins de mois de surtaxés, tout est possible dans le futur immédiat, même une révolution utile et inspirée par des rebelles audacieux de l’âme, même l’avènement de toute insurrection d’inspiration rimbaldienne.

Au bout de mon long chemin d’individuation, alors que l’heure est venue d’écrire « Déjà le soir » , je sais pertinemment que le stoïcien Épictète, cité par Michel Barat dans son dernier ouvrage, avait bien raison d’affirmer dans ses Pensées : « La durée de la vie humaine ?

Pour résumer, au total, les choses du corps s’écoulent comme un fleuve, les choses de l’âme ne sont que songe et fumée, la vie n’est qu’une guerre et un séjour étranger, la renommée qu’on laisse, un oubli. Qu’est-ce qui peut la faire supporter ? Une seule chose : la philosophie ».

C’est vrai : certains d’entre nous avions voté, lors des dernières élections présidentielles, pour Emmanuel Macron, sur sa jeune et belle gueule et sur son exceptionnel jeune âge pour la fonction.

Nous le regrettons aujourd’hui, en toutes lettres. Mais un autre aurait-il vraiment mieux fait ?

Au-delà de l’Assemblée Nationale de l’impuissance à haut salaire, demeurons tous, chacun et chacune, des philosophes. Dès lors, nous ne serons jamais plus des optimistes naïfs, et nous pourrons espérer, derrière celui que nous appelions « le fou d’Elsa », avoir été parfois utile.

Jean-Luc Maxence
Éditorial de Rebelles le Mag n°17 de janvier-février 2019

Pubblicato il 14 gennaio, 2019
Categoria: Libri, Presentazione

“Se mi ascolti e mi credi” – invito al Festival Psy 2018, Parma



“Il mondo interiore è di per se stesso la negazione della pace, del riposo, della quiete, della stabilità, dell’equilibrio. L’opera d’arte, di qualunque stile, è una risoluzione, ma l’artista continua a rodersi il fegato.” Giorgio Antonucci.


Il film “SE MI ASCOLTI E MI CREDI. LA STORIA DEL DOTTOR GIORGIO ANTONUCCI” sarà introdotto dalla dottoressa Maria D’Oronzo del Centro di Relazioni Umane di Bologna



Pubblicato il 24 agosto, 2018
Categoria: Presentazione

Cancrini: no elettrochoc – Eugen Galasso





In un volume di 22 anni fa, concepito in forma di “libro-intervista” dal titolo “Date parole al dolore”, edito da Frassinelli,  curato da Stefania Rossini nel 1996, Luigi Cancrini, psichiatra e psicanalista, un’autorità nella lotta contro le dipendenze, in specie da droga, un esponente – a suo tempo – della cultura di sinistra, segnatamente del PCI (Partito Comunista Italiano), quando questo esisteva. Incentrato sul tema della depressione, pur se non in modo esclusivo, Cancrini ne parla come di “quel gran mare di situazioni che oggi molti vogliono chiamare “depressione” (op.cit, pp.110-111), dove comunque Cancrini, a differenza della prospettiva “rivoluzionaria” (purché si intenda bene il termine) di Giorgio Antonucci, riconosce l’esistenza della “malattie psichiche” (non diremo, comunque, “mentali”) ma ne relativizza la porta, riconducendole, senza orientarsi dogmaticamente verso un indirizzo psicanalitico o psicoterapeutico (non potremmo classificarlo come “freudiano”, “adleriano”, “junghiano”, seguace del cognitivismo, della teorie sistemica o altro) determinato. Molto interessante la parte nella quale (capitolo sesto del volume) nega validità all’elettrochoc (o shock, all’inglese), “per ragione terapeutiche, non per ragioni di principio” (ibidem, p.92): “L’elettrochoc , come l’eroina, è uno strumento al servizio dei meccanismi di difesa basati sulla negazione…L’episodio depressivo può anche essere momentaneamente interrotto dalla scossa elettrica, ma (è una prima possibilità) tornerà presto, sarà più grave e sarà vissuto dal paziente come una maledizione , perché sarà diminuita la consapevolezza di sé e delle proprie esperienze. Oppure darà luogo (seconda possibilità) a un deterioramento progressivo della personalità”(cit., p.93). Cancrini ricorda inoltre la morte neuronale indotta da questa barbara pratica, tuttora in vigore soprattutto(ma non solo) nelle cliniche private, da un certo numero di anni anche nelle strutture pubbliche della sanità italiana, ma purtroppo ancora regolarmente praticata in paesi arretrati, su questo piano, quali Gran Bretagna e Austria oltre a i paesi, ovviamente, a struttura politica autoritaria o totalitaria. Un libro forse non attualissimo, da leggere con le avvertenze del caso anticipate in apertura di testo, ma estremamente critico anche verso gli psicofarmaci. Peccato che quanto rimane della “sinistra istituzionale” (PD ma anche “Liberi  e Uguali”) si disinteressi del tema e comunque oggi accolga il peggio dell’esistente…   Eugen Galasso 

Pubblicato il 30 luglio, 2018
Categoria: Presentazione, Testi

Esempi di accoglienza secondo l’humanitas – Maria D’Oronzo






La città del secondo rinascimento - Trimestale, n.77 – Febbraio 2018


Presentazione del libro “La chiave comune. Esperienze di lavoro presso l’Ospedale psichiatrico Luigi Lolli di Imola”, di Giovanni Angioli, ed La Mandragola.


Il libro di Giovanni Angioli è importante non soltanto perché raccoglie gli elementi principali della sua vita, ma anche perché è un racconto, un’autobiografia, una testimonianza del suo lavoro, attraverso cui offre spunti, riflessioni e un metodo a chi si avvicina alle istituzioni totali, di cui c’è ancora molto da dire, nonostante la nostra democrazia.
Uno dei problemi principali in quest’ambito rimane il ricovero coatto, che avviene attraverso il T.S.O. (trattamento sanitario obbligatorio). Parliamo di persone che vengono prelevate con la forza, portate via dalla loro famiglia, dal loro ambiente, quindi trattenute, sempre con la forza: persone a cui vengono iniettate sostanze contro la loro volontà. Parliamo di tortura. Recentemente in Italia è stato redatto un Disegno di Legge contro la tortura, già presente in Senato. Se passa alla Camera, questa iniziativa deve riguardare anche la psichiatria, perché la convenzione dell’ONU considera tortura qualsiasi sostanza che venga iniettata nel corpo contro la volontà della persona. Questi argomenti vengono affrontati nel libro “La chiave comune” con una scrittura molto fluida e semplice, nonostante i temi trattati. Leggiamo di persone ricoverate per anni, di cui Angioli dà testimonianza a partire dalla sua lunga esperienza presso l’Ospedale di Imola e, in particolare, presso il reparto Autogestito, esperienze a cui ho partecipato anch’io, negli ultimi quattro anni. Al reparto Autogestito venivano “buttate” dagli altri reparti persone che gli psichiatri ritenevano di non essere più in grado di gestire. Il libro narra le storie di queste persone, in molti casi anche le storie pregresse, prima del ricovero, tratte dalle loro narrazioni, tratteggiate da Angioli con grande sensibilità ed efficacia. Storie che parlano d’isolamento, d’incomprensione, spesso di soprusi familiari e sociali, senza contare quelli subiti all’interno dell’istituzione, ma anche di talenti pregressi. Penso che questa azione di presa in carico, di accoglienza attiva da parte del personale del reparto Autogestito possa essere ancora un essempio in vari ambiti, specialmente in questo periodo di grandi flussi immigratori. Il lavoro svolto all’Autogestito è stato di umanità nel senso più vasto della parola. Non c’era superficialità nell’accoglienza, non c’era la volontà di accogliere tanto per accogliere, per un generico buonismo, anzi, per ciascuna persona si discuteva molto, c’erano dubbi. C’erano le assemblee, le discussioni, le occasioni di parola per ciascuno, invitato ad esprimere le proprie problematiche, i propri dubbi, le proprie paure. Fin dall’inizio del mio tirocinio presso il reparto, nel 1992, sono sempre stata accolta con attenzione e invitata a partecipare, a esprimere il mio parere, ma, in questa prima fase, ritenevo di avere soprattutto da imparare. Il reparto era già rodato e ben funzionante, ma, per costituirlo, c’era voluto un grande lavoro organizzativo, di elaborazione e di superamento di grandi resistenze, istituzionali e burocratiche.
A proposito di questo lavoro, occorre parlare di Giorgio Antonucci, entrato nella storia per il suo operato, per la sua testimonianza costante e per i suoi scritti, purtroppo recentemente scomparso, che a un certo punto assunse la responsabilità di tutto l’andamento del reparto. Ricordo che Antonucci ringraziò Giovanni Angioli, nel momento del conferimento del premio a lui intitolato, perché senza la sua alleanza egli stesso non avrebbe potuto spingersi fin dove è arrivato.

Pubblicato il 25 luglio, 2018
Categoria: Presentazione

“I poveri sono matti” Festival internazionale di canto sociale Corazone





VIDEO:
Basaglia – Antonucci: la differenza di idee e pratiche
Le difficoltà della vita non sono malattie
Si può fare diversamente: che cos’è il Trattamento Sanitario Obbligatorio

Pubblicato il 21 giugno, 2018
Categoria: Eventi, Notizie, Presentazione, Video

PREMIO GIORGIO ANTONUCCI – Ringraziamenti di Jan Eastgate – FOTO

 

 

Messaggio originale:
I am delighted to hear of an award being presented in the name of my good friend, Dr Giorgio Antonucci. Mankind owes him a tremendous gratitude because he truly is a great doctor, humanitarian and libertarian. CCHR’s co-founder, the late and equally wonderful Prof. Thomas Szasz, described Dr. Antonucci as “courageous and effective” in “liberating psichiatric slaves in Italy”. What Dr. Antonucci has achieved to show the workability of legitimate medicine given in a calm and caring way to troubled souls, is in stark contrast with the punitive, unworkable, damaging and illegittimate “medicine” that psychiatry pratices. I had heard of Dr Antonucci’s astounding accomplishments as far back as the 1980s while working with CCHR in Australia and to actually meet him two decades later in Los Angeles was an honor and privilege. It remains so today. He has my greatest thanks and my eternal love. Anyone who carries on the tradition of his Dr. Antonucci’s work should give all of us hope for the future and for mankind. Thank you Giorgio!

With love and respect,
Jan Eastgate
President CCHR International

 

 

Sono molto contenta nell’apprendere di un premio dato in nome del mio grande amico Giorgio Antonucci. L’umanità gli deve enorme gratitudine, perchè lui è un grande dottore, umanitario e fautore della libertà.
Il fondatore del CCHR, il compianto ma egualmente grande Thomas Sasz descrisse Antonucci come persona “coraggiosa ed efficace nel liberare schiavi psichiatrici in Italia”. Il lavoro di Giorgio Antonucci ha dimostrato come funzioni bene la vera medicina, quando viene applicata con calma e amore per il prossimo alle anime turbate, in netto contrasto con quell’ottusa pratica “medica” – punitiva, inefficace, dannosa, e illegittima che passa sotto il nome di psichiatria.
Sentii parlare per la prima volta dei risultati ottenuti da Antonucci già negli anni 80, quando ancora lavoravo per il CCHR in Australia, ed è stato per me un grande onore e piacere conoscerlo personalmente vent’anni dopo a Los Angeles – onore e piacere che vivono oggi.
A lui va il mio eterno affetto e gratitudine: chiunque s’impegni per continuare la sua tradiziione ci dà speranza per il futuro e per l’umanità.
Grazie Giorgio!
Con affetto e rispetto.
Jan Eastgate
Presidente CCHR International


FOTO GALLERIA

 

Pubblicato il 22 dicembre, 2015
Categoria: Immagini, Presentazione

“Armonie delle sfere” – Reading di poesie e inediti di Giorgio Antonucci con Laura Mileto, Cristina Vetrone, Eugen Galasso, Maria D’Oronzo

Armonie delle sfere

Presentazione degli ospiti e reading poesia “Se mi ascolti e mi credi….” con musica (Video)


Voce narrante: Laura Mileto (Video)

Musica: Cristina Vetrone (Video)


Conversazione: Maria D’Oronzo (Video) e Eugen Galasso (Video)

Pubblicato il 20 ottobre, 2010
Categoria: Presentazione, Testi, Video

PRESENTAZIONE del libro di Nicola Valentino “Ergastolo. Dall’inizio alla fine” (Sensibili alle foglie, 2009)


disegno: MP5

Ven 22/10/10 – Presentazione di “L’ergastolo.Dall’inizio alla fine”

Un approfondimento sul carcere e sulla detenzione a vita a partire dal libro “L’ergastolo. Dall’inizio alla fine” (edizioni “Sensibili alle foglie”), di Nicola Valentino. Dalla presentazione: “Attraverso l’esperienza personale, vissuta dall’inizio alla fine, le testimonianze e gli scritti di ergastolani d’ogni tempo, l’autore pone una domanda essenziale: può la nostra società, con un guizzo di civiltà, liberarsi di questo residuo della schiavitù?”.  Il Lab 57, inoltre, proporrà un intervento sulla storia di Stefano Cucchi, morto proprio il 22 ottobre di un anno fa dopo aver subito gravi percosse mentre era detenuto. Dalle 21 in via Paolo Fabbri 110.

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Venerdì 22 ottobre a Vag61,  attraverso la presentazione del libro di Nicola Valentino “Ergastolo. Dall’inizio alla fine”, si cercherà di raccontare storie di carcere per far emergere e porre una domanda essenziale:  può la nostra società, con un guizzo di civiltà, liberarsi di questo residuo di schiavitù?
La serata è organizzata dallo spazio autogestito di via Paolo Fabbri 110, insieme al Centro di Relazioni Umane di Bologna che si propone di costruire un “ambulatorio popolare gratuito per le relazioni umane”, per aiutare le persone non abbienti a non aver bisogno degli psichiatri, ispirandosi al lavoro del prof. Cotti che, nei primi anni ‘60 si è battuto per la libertà degli internati del manicomio “Roncati” di Bologna.

La data del 22 ottobre, inoltre, ricorda il primo anniversario della morte di Stefano Cucchi, un giovane romano di 30 anni, arrestato sette giorni prima dai carabinieri con l’accusa di possesso di una modica quantità di sostanza stupefacente. Dopo una settimana di violenze subite ad opera dei Pubblici Ufficiali che lo ebbero in custodia e di colpevoli negligenze dei medici del reparto protetto dell’Ospedale Pertini, Stefano moriva abbandonato in un letto di ospedale. Su questa vicenda e sul tema dei morti in carcere, ci sarà un intervento del Lab 57/Livello 57.

NICOLA VALENTINO E IL “FINE PENA MAI”

Valentino, condannato nel 1979 per attività legate alla lotta  armata degli anni ‘70, è stato in carcere per più di 26 anni. Ha fondato insieme a Renato Curcio, la cooperativa editoriale “Sensibili alle foglie” impegnata in diverse attività di ricerca sociale sui dispositivi totalizzanti che sono all’opera nelle istituzioni, sull’immaginario, sulle risposte adattative e sulle risorse creative delle persone che le attraversano.
Insieme a Renato Curcio e Stefano Petrelli nel 1990 ha scritto “Nel Bosco di Bistorco”.
Nel 1994 ha pubblicato il libro “Ergastolo dall’inizio alla fine” di cui è uscita di recente una seconda edizione aggiornata, sempre con la casa editrice “Sensibili alle foglie”.
Valentino ha creato anche un “Archivio di scritture, scrizioni e arte irritata” che custodisce oltre 600 opere, tra dipinti e disegni, provenienti da istituzioni manicomiali e carcerarie; conserva manoscritti, diari, quaderni e supporti su cui sono tracciate le parole, i segni e gli scarabocchi delle più estreme solitudini. Un archivio d’arte originale ed eccentrico  tanto quanto il suo fondatore.

Pubblichiamo alcune consideriazioni di Nicola Valentino sul tema dell’Ergastolo:

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Pubblicato il 18 ottobre, 2010
Categoria: Libri, Notizie, Presentazione

Farewell Summer – Recensione – Eugen Galasso



Ray Bradbury, Farewell Summer, in italiano “Addio all’estate“, Milano, Mondadori, 2010. Il grande (per chi scrive forse il più grande scrittore nord-americano vivente – Bradbury tra poco compie novant’anni) scrittore, spesso rinchiuso da politiche editoriali miopi e da critici ansiosi di classificare (in questo non solo gli psichiatri eccellono) nel genere “fantastico” o peggio horror, in questo libro, che è ideale prosecuzione (lo dice l’autore stesso nella sua nota-postilla che fa da post-fazione) di “Dandelion Wine” (in italiano, “L’estate incantata”), scritto più di mezzo secolo fa, ci  narra una guerra tra ragazzi e anziani, dove l’elemento del “Bildungsroman” (romanzo di formazione) è fondamentale. Formazione umana, che comporta non tanto il superare prove iniziatiche (elemento chiave nell’esoterismo) quanto il confrontarsi con quelle ansie e paure che a qualche persona sfortunata e “malcapitata” tocca di non riuscire a superare, magari venendo sottoposto(a) a qualche terapia forzata, a qualche TSO… Senza parlare di psichiatria versus antipsichiatria, Bradbury, di cui non m’importa tampinare le idee politiche in dettaglio (negli States si ragiona e opera diversamente che in Europa; non sta a me in questa sede argomentare se meglio o peggio…), ci dà un ritratto formidabile di chi vuole “avere strade più dure, limti più invalicabili”,  di contro ad  “aperta campagna e libertà” (op.cit., pp.83-84) . Si tratta solo degli anziani, degli adulti, che hanno perso gioia e creatività, a favore di brama di dominio e di realtà calcolante? No, non c’entra l’età, non c’entra neppure sempre il ruolo sociale, anche la donna (vittima da quando si è affermato il patriarcato di ogni ingiuria, di ogni oltraggio, di ogni ricatto minacciato o conretizzato) talora riesce ad essere sottilmente repressiva; il problema è nel modo di agire della persona in società… Ecco come, senza mai rinunciare mai neppure un attimo al sogno e alla speranza, Bradbry, moderno Thomas Mann (“Riflessioni di un impolitico”), ma sicuramente “meno politico” (ma cfr.quanto notato sopra) ancora di Mann,  riesce ad essere autore politico, nel suo demistificare i sottili meccanismi di repressione dei poteri sulle persone, dalla”persuasione occulta” (che non è mai solo quella della pubblicità) alla repressione diretta, violenta, in forma di guerra e violenza (qui non è mai in scena, ma vi si accenna=o in altre forme, subdole o meno), di imposizione.  Questo ragazzo  novantenne ci fa riflettere e sognare come pochi.

Eugen Galasso

Pubblicato il 24 giugno, 2010
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Centro di Relazioni Umane (Bologna) — Maria Rosaria d’Oronzo